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No existe una edad precisa para alcanzar el éxito cuando te aventuras a la experiencia de emprender.

Mayores que rompen barreras

No existe una edad precisa para alcanzar el éxito cuando te aventuras a la experiencia de emprender.  Lo dicen todos los emprendedores sénior que se dejan la piel en sus proyectos empresariales, esos que cada día dan ilusión a sus vidas, sin importar la edad que tenían cuando decidieron ponerlos en marcha. 

Pero sabemos que el camino no siempre es recto y corto y, a veces, es fácil perder la motivación antes de llegar a la meta. Por eso, hemos querido rescatar de la Guía del emprendimiento sénior algunas historias de personas reales, con nombres y apellidos, que nos han contado en primera persona sus experiencias emprendiendo a partir los 55 años. Nada inspira y motiva más que ver cómo siguen naciendo y creciendo ideas que tienen el potencial necesario para triunfar entre este grupo poblacional, experimentado y con todo lo necesario para alcanzar resultados positivos con sus empresas. 

La edad no debe ser un freno a la hora de emprender y todos ellos son un buen ejemplo.

Historias de emprendedores sénior que merece la pena escuchar 

Rosa P., 58 años
Rosa trabajaba como comercial en el mundo de la automoción y apenas pisaba su casa; entre las reuniones y los viajes se pasaba casi todo el día fuera. Ahora, a sus 58 años, dedica su vida a su propio proyecto. Y, aunque las semanas pasan más rápido que antes, puede dedicar más tiempo a su familia mientras trabaja de lo que realmente le motiva: ha creado su propia empresa de organización profesional de espacios.

Izaskun G., 56 años
Izaskun se licenció en la universidad pero, tras ser madre de familia numerosa, decidió dedicarse por un tiempo al cuidado de sus hijos. Cuando los niños crecieron y fueron lo suficientemente independientes, decidió volver a las aulas para estudiar en la Escuela de Protocolo y montar su propio negocio de organización de eventos. Con esfuerzo y dedicación ha conseguido que su proyecto sea rentable, sostenible y, lo más importante, que la haga feliz.

Dolors J., 54 años
Durante mucho tiempo Dolors tuvo un cargo de responsabilidad en el mundo de la hostelería. Gracias a sus años de experiencia y sus redes de contacto, logró hacer realidad su sueño de crear su propia empresa de organización de viajes enfocada en un nicho muy específico: mujeres que viajan solas. Su negocio no solo ha salido adelante con éxito, sino que, además, está creciendo y ya cuenta con dos becarias que espera poder contratar a media jornada con el tiempo.

Jordi F., 68 años
Jordi, con 68 años y después de haber trabajado durante toda su vida como fotógrafo para diferentes marcas, cuenta con su propio estudio de fotografía especializada en decoración. Para él, reinventarse no ha supuesto para nada un problema, sino todo lo contrario, y está viviendo algunos de sus mejores momentos.

Ángel C., 58 años
De un día para otro, Ángel se enteró de que su empresa había quebrado e iba a ser despedido. Antes de perder toda la esperanza, se puso en marcha para buscar una solución. Encontró una papelería cuyo dueño quería jubilarse y estaba buscando hacer un traspaso y, a pesar de las dudas de su familia, decidió que era su oportunidad. Iba a darle la vuelta por completo al enfoque del negocio para ofrecer algo más actual: libros y café. ¿El resultado? Funcionó.