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La COVID-19 ha cambiado más ámbitos de nuestra vida de los que seguramente somos capaces de detectar todavía

¿Ha cambiado la COVID el mercado laboral sénior?

Probablemente, estemos en el único momento de la historia en el que un elemento común une a los humanos de toda región, religión, raza e ideología. Nunca algo nos había afectado a todos de forma tan democrática, tan repentina y tan palpable.

Tanto, que es difícil que alguien no sepa de qué hablamos. La COVID-19 ha cambiado más ámbitos de nuestra vida de los que seguramente somos capaces de detectar todavía. Hemos modificado nuestra forma de relacionarnos, de consumir, de divertirnos y hemos adquirido, colectivamente, una mayor conciencia de la situación del planeta.

Pero uno de los sectores en el que el cambio de paradigma ha sido más notable es el sector laboral. Y, para las personas de más de 55 años, el impacto tenía potencial de ser, en algunos casos, mucho más grave. ¿Habrá sido así?

Un proceso sin sesgo generacional

España, gracias al impulso de las instituciones europeas, pudo facilitar desde el inicio de la crisis de la COVID-19 la herramienta pública llamada ERTE, consistente en la suspensión temporal de la obligatoriedad de pago por parte de la empresa al trabajador, asumiendo el Estado ese coste. Con esta herramienta, empresa y trabajador podían acogerse a dos alternativas: la suspensión total del empleo o la suspensión parcial.

En marzo de 2020 había 192.771 trabajadores con suspensión parcial y 2.915.783 trabajadores con suspensión total del empleo en España, acogidos a la herramienta ERTE.

Según datos del Mapa del Talento Sénior 2021, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, el impacto no fue mayor para las personas sénior. Es decir, no estamos hablando de un sesgo por edad que perjudique al trabajador de edad más avanzada. Más bien encontramos tendencias hacia el lado contrario. En general, los colectivos que han sido incorporados en mayor medida a los ERTE, proporcionalmente, son jóvenes. Especialmente en los casos de ERTE de suspensión total.

La democratización del teletrabajo 

Lo que para muchos en este país parecía imposible, se hizo plausible en apenas días. Muchos trabajadores trasladaron su actividad a sus propios hogares, con las ventajas e inconvenientes derivados de ello.

En los estudios realizados, no se encuentran diferencias significativas entre los trabajadores de más de 55 años y todos los demás. En todos los sectores de edad se incrementó el teletrabajo.

Aun así, en el último año, el incremento del teletrabajo en personas de este colectivo ha sido menor que en los otros tramos de edad. Esto puede indicarnos que las generaciones mayores se han adaptado en un menor grado al teletrabajo, mientras los jóvenes se sienten más cómodos con esta opción.

No obstante, no encontramos por el momento datos relevantes para hacer de ello una afirmación categórica.

La capacidad de adaptación como secreto del éxito 

A falta de que pase más tiempo y poder analizar los datos de todo lo que estamos viviendo con una mayor perspectiva, la situación actual nos sigue demostrando que estamos ante una generación de séniors que sabe adaptarse a las circunstancias, integrar las nuevas tecnologías en su vida cotidiana y que está dispuesta a saltar cualquier barrera con tal de seguir aportando al mercado laboral y a sus propias pasiones.