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La realidad: el tiempo no afecta a todas las personas de la misma manera.

Jóvenes eternamente, ¿es posible?

Cuando somos pequeños soñamos con ser mayores. Lo idealizamos, se convierte en una fantasía difícil de alcanzar. Sin embargo, una vez vamos cumpliendo años, esa fantasía se desvanece, nuestro ideal parece tomar el camino contrario y empieza casi a aterrarnos. Nos sentimos jóvenes, y nos avergonzamos de esa cifra que, en muchas ocasiones, no nos define en absoluto.

A los humanos, a diferencia del resto de los seres vivos que habitan nuestro planeta, nos encanta conceptualizar el paso del tiempo, contar cada año que pasa y sumarle un número más a esa idea abstracta que conocemos como edad. Pero, ¿por qué muchos de nosotros no nos sentimos identificados con la cifra que aparece en nuestro documento de identidad?

La realidad: el tiempo no afecta a todas las personas de la misma manera. Por eso, no todos nos sentimos igual, a pesar de tener el mismo número de años. Y es que puede que nuestros organismos se encuentren en puntos muy diferentes, o lo que es lo mismo, tengan edades distintas.

Entonces, ¿qué edad tenemos realmente?

La edad que tenemos la decidimos en gran parte nosotros mismos. Y, aunque la genética supone una parte sustancial del proceso del envejecimiento, los factores externos cobran especial importancia aquí.

Porque que los años pasan es un hecho, pero contar solo y únicamente con este acontecimiento para determinar la edad real de una persona no es del todo correcto y, a pesar de lo que aprendemos durante toda nuestra vida, tampoco habla de lo mayores que somos.

Algunas cosas tan simples como la manera en la que nos cuidamos, si llevamos unos buenos hábitos alimenticios o practicamos deporte, con quién nos relacionamos e, incluso, la perspectiva con la que nos enfrentamos al paso del tiempo, son factores clave para el mayor o menor deterioro de las células de nuestro organismo. Todas ellas subjetivas, diferentes en cada persona y determinantes para establecer nuestra verdadera edad.

Una cifra, edades diferentes

¿Es posible tener 70 años y una edad biológica de 50? No solo se puede, sino que debería ser así.

La edad no es solo un número, y por eso cada individuo la percibe de manera tan distinta. La realidad es que existen hasta cinco tipos de edades diferentes.

Por un lado, la edad cronológica, es la que todos conocemos, la que viene establecida por nuestra fecha de nacimiento, pero que, tal y como hemos visto, por sí sola no es más que una simple vaguedad. En segunda instancia, existe también la edad psicológica, determinada por nuestras reacciones y comportamientos ante determinadas situaciones. La tercera es la edad autopercibida, es la que transmitimos, cómo nos ve el resto. Muy relacionada con esta, encontramos la edad social, definida por las personas con las que nos movemos. Y, por último, la edad biológica, que nos interesa especialmente, pues podríamos decir que se trata de la “edad real”, y hace referencia a la edad de nuestro organismo.

Jóvenes a pesar de los años

La edad cronológica no define lo que somos. Y no debe, ni puede, ser un límite, ni a nivel profesional ni personal. Al contrario, los años acumulados tienen que ser un fuerte valor, en experiencias vividas, en talento, en recorrido, en personas que nos hemos cruzado en ese camino… Y la cifra que marca nuestro documento de identidad no habla más que de la suerte que hemos tenido por poder disfrutar de todo esto durante una serie de años.