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Tarde o temprano nos hacemos mayores, es el ciclo de la vida

Y ahora, ¿mirar para atrás o hacia delante?

Tarde o temprano nos hacemos mayores, es el ciclo de la vida. Nacemos, crecemos, vivimos y, como seres humanos que somos, envejecemos. Y el paso del tiempo nos afecta a todos por igual. Sin embargo, sí existen diversas maneras de afrontar el envejecimiento. Nosotros distinguimos dos muy diferenciadas: puedes mirar para atrás, resistirte a él y tratar de pararlo, o hacia delante, aceptando los cambios y adoptando una actitud positiva. La vejez es un camino desconocido, pero puede ser apasionante.

Y tú, cuando valoras tu vida, ¿en qué lugar te paras? Todo este recorrido que has caminado a lo largo de los años, las experiencias vividas, son el impulso de lo que te queda por hacer a partir de ahora.

Mantener una actitud optimista, mirar al futuro y tenerle ganas son la mejor fuente de energía para nutrir nuestro bienestar y calidad de vida.

Porque, si bien es cierto que seguir una alimentación saludable y llevar una vida sana son dos elementos indispensables del puzzle que nos permite prevenir el envejecimiento y mantenernos en nuestras mejores facultades físicas; la pieza indispensable está, sin duda, en nuestra cabeza. Si hay algo que de verdad nos va a permitir vivir con plenitud y disfrutar plenamente de esos largos años de vida, es ser felices. La actitud positiva y el optimismo son la única forma conveniente de enfrentarse a la barrera de los 55.

¿Tenemos miedo a envejecer?

Algo así. Aceptar el cambio siempre cuesta, pero es necesario. Y es tan importante perderle el miedo a cumplir años, como comprender el proceso de la vejez, y abrazarlo.

Comprenderlo como sociedad, pero también desde el interior de nosotros mismos. Comenzar derribando esos absurdos alegatos edadistas, romper con todos los estereotipos que rodean a esta etapa de la vida y acabar con los falsos mitos que no nos permiten disfrutar por completo de los beneficios que tiene hacerse mayor. Porque sí, los tiene, y son tantos que citarlos nos llevaría más de uno de estos artículos.

Estamos en un proceso de evolución histórica. La demografía está cambiando y, con ella, gran parte de nuestras rutinas y de nuestras acciones, ¿no debería hacerlo también nuestra forma de ver la vida?

Una nueva filosofía de vivir

No mentimos cuando afirmamos que nos encontramos ante la generación sénior más tecnológica de la historia, ante la más preparada, la más saludable, la más activa, la más poderosa… Las tornas se han girado y ahora son ellos quienes protagonizan los anuncios publicitarios, quienes captan la atención de las marcas y quienes mueven el mercado del consumo. Pequeñas y grandes empresas empiezan a dirigir sus políticas hacia la construcción de entornos laborales inclusivos, poniendo en marcha estrategias que abren un sin fin de puertas para este colectivo.

Y la ciencia avanza cada día. Ya se están creando nuevas tecnologías y líneas de investigación sorprendentes que influirán decisivamente en nuestras probabilidades de vivir no solo más, sino también mejor.

¿No es todo esto una buena señal para ver el futuro con expectativas, con confianza? Todas ellas son realidades palpables, sencillas afirmaciones que reflejan el valor de la edad, de la experiencia, la virtud de envejecer.

Citando al filósofo y político romano Cicerón en su tratado Sobre la vejez: “La vejez por sí misma no supone nada más que la experiencia de haber vivido muchos años, que ya es bastante”.

¡Disfrutemos de ello!