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Nuestros mayores están empoderados, dispuestos a afrontar nuevos retos y, el mundo está despertando al impacto que su talento crea en la economía.

Emprendedor: el valor humano es la base del éxito

Con una esperanza de vida sin precedentes, la generación sénior se encuentra en un momento de plenitud. Nuestros mayores están empoderados, dispuestos a afrontar nuevos retos y, el mundo está despertando al impacto que su talento crea en la economía de nuestros países. 

La cifra de emprendedores mayores de 55 ha crecido en España hasta unos 300.000 durante estos últimos años. La edad les garantiza algunos de los ingredientes más importantes para comenzar con cualquier aventura empresarial, como son el profesionalismo, la resistencia o la autodisciplina. Así como la seguridad de contar con una dilatada experiencia en el mercado laboral, tener más recursos y estabilidad financiera, y amplias redes de contactos que ayudan a aumentar las posibilidades de que sus negocios tengan éxito. 

Pero, cuando emprendemos, existen otras características que también resultan cruciales y que es necesario trabajar. Se trata de los valores humanos. 

El significado de la empatía 

Además de la parte puramente práctica que concierne a cada negocio, es vital crear una mentalidad de empresa positiva y transmitir de forma correcta nuestra visión de la compañía. Esto nos permitirá ser más resolutivos en el día a día y enfrentarnos a los problemas con eficacia. Para hacerlo, hay algunas habilidades que se pueden entrenar y que debería tener cualquier persona que lidere un negocio. ¿Cuáles son? La más importante: la empatía, muchas veces subestimada en los negocios, que siempre debe ir acompañada de la capacidad de adaptación y la resiliencia. 

El emprendedor que aspire a liderar un negocio que funcione tiene que ser empático con su empresa, con sus clientes, con sus empleados… No sirve con ser un mero observador, hay que estar dispuesto a escuchar, mostrarse accesible, abierto y ser partícipe de la vida de tu empresa. La empatía es la fuerza que nos va a permitir recuperarnos de situaciones complicadas, aprovechar las nuevas oportunidades, y empezar a construir relaciones significativas y de calidad con los que nos rodean, fundamentales si queremos empezar a formar un equipo. 

Compartir los éxitos y celebrarlos permite que los empleados, si los tienes, no solo se sientan parte del equipo, sino que perciban la empresa como suya propia. Tendrán una visión holística de las actividades que realizas, podrán adquirir más responsabilidades y delegar en ellos será un descanso para ti. 

Rodéate de personas valiosas 

¿Crees que ha llegado el momento de formar un equipo? Emprender es un esfuerzo personal que requiere de tiempo, implicación y valentía. Lo sentimos nuestro y trabajamos con afán para que todo salga adelante. Sin embargo, abarcar demasiado puede ser un error. Y aunque casi la totalidad de los sénior que se deciden a emprender ya cuentan con la experiencia de haber trabajado para otras empresas, las vacaciones o los días libres, que antes servían de respiro, en muchas ocasiones, dejan de ser una vía para desconectar. Las nuevas tecnologías nos pueden ayudar automatizando tareas, pero es el contar con un equipo humano en el que imperen los valores de los que hablamos (empatía, resiliencia y adaptabilidad), lo que nos dará la oportunidad de delegar con la suficiente confianza para tener un desahogo. 

Existen algunas fórmulas, como los estudiantes en prácticas, que van a permitir instruir profesionales que adquieran una visión global de tu negocio, o los mentores, que te pueden apoyar en el proceso de conocer qué tareas son indelegables y cuáles no. Porque diversificar el trabajo es fundamental. Tu negocio es importante, pero también lo es tu tiempo libre, tu familia, tus amigos y tu salud mental. 

Emprender es un camino complicado y las personas que te rodean son las que lo hacen más afable. La empatía, el respeto, la tolerancia o la gratitud son solo algunos de los valores humanos que sustentan la base de cualquier éxito en nuestras vidas.