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Vivir puede ser una aventura maravillosa, si sabemos cómo protegernos.

Es mejor prevenir que curar

Las caídas representan uno de los problemas más graves para la salud y el bienestar de los más mayores. Merece la pena prestarles atención, pues son una de las causas principales de las lesiones, el deterioro funcional e, incluso, la defunción de este colectivo de la población y pueden conllevar graves consecuencias, tanto físicas como psicológicas y sociales. 

Cada año se producen, en todo el mundo, unas 37,3 millones de caídas entre mayores de 65 años con la magnitud suficiente como para necesitar atención sanitaria. De todos ellos, cerca de la mitad no se caerán solo una vez, y más de 680.000 fallecerán por esta causa. Aunque es cierto que los mayores son los más vulnerables en este sentido, se trata de un problema de salud pública global y no debemos asociarlo al envejecimiento como algo inevitable, sino tratar de implantar las medidas oportunas de prevención que ayuden a minimizar sus riesgos. 

Este es el principal objetivo del estudio “FALL-ER: registro multicéntrico de personas mayores de 65 años atendidas por caída en servicios de urgencia españoles”, realizado por la Fundación MAPFRE, a través del que se ha medido la magnitud de esta problemática para poder prevenirla, minimizando los riesgos y sus posibles secuelas sin comprometer la movilidad o la independencia de los mayores. 

Más adaptabilidad es más seguridad 

Casi un 65% de todas las caídas se producen en el hogar, sobre todo durante el día (78,3%). El lugar más común es el dormitorio, con un 35,9%; después, el baño (un 12,0%); y la cocina (11,6%). Mientras, las demás se producen principalmente en la calle. Una vez tiene lugar la caída, las lesiones son casi ineludibles, se originan en un 91,3% de las veces y tienen profundos efectos en el deterioro físico y emocional de quienes las sufren. 

Pero, si hay un dato que nos ha llamado la atención, es que el 58% de las caídas son a consecuencia de factores extrínsecos y, por lo tanto, se pueden prevenir. Esto nos da una pista de la importancia de priorizar viviendas más humanas, domicilios habilitados para cumplir con las necesidades de los adultos mayores y que garanticen el tener la suficiente accesibilidad a servicios sanitarios y sociales. 

Prevenir para no curar 

El informe nos deja también una serie de recomendaciones que podemos poner en práctica, tanto en nuestras casas como en la atención de urgencias, para mitigar los peligros de las caídas para las personas mayores y sus consecuentes efectos. 

  • Educar y sensibilizar a los mayores y a sus familias de la importancia que tienen las caídas (tanto antes como después de que sucedan) y de cómo tener un hogar adaptado puede ser clave a la hora de prevenirlas.
  • En la urgencia hospitalaria, establecer un protocolo exhaustivo en el que se valoren los distintos factores que han propiciado la caída, tanto intrínsecos, como extrínsecos, para evitar que pueda ocurrir de nuevo.
  • Comprobar siempre si existe alguna modificación en el ambiente o el tratamiento que recibe el adulto mayor que puedan mejorar su seguridad. Y ponerlo en práctica.
  • Revisar el tratamiento farmacológico antes de proceder al alta de un paciente por caída y asegurarnos de que existe una coordinación entre la atención primaria y las especialidades médicas o quirúrgicas que correspondan.
  • Y, por supuesto, cuidarte y cuidar de los que te rodean. 

Vivir puede ser una aventura maravillosa, si sabemos cómo protegernos.